Educar la sinceridad

El diccionario de la RAE define la sinceridad de la siguiente manera: sencillez, veracidad, modo de expresarse o de comportarse libre de fingimiento. Es importante transmitir este valor a los pequeños. En ocasiones, muchos padres se preocupan porque sus hijos no son del todo sinceros, por eso hemos decidido dedicar un artículo a cómo tratar este tema.

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Como comenta la psicóloga Elvira Sánchez en una entrevista realizada para el programa de radio de AMEI-WAECE El Rincón de la Educación Infantil, es importante que el niño se acostumbre a decir la verdad desde pequeño, ya que de esta manera establecerá relaciones interpersonales positivas y aumentará la confianza que otras personas están depositando en él.

Ser sincero le ayudará a vivir en contacto con la realidad, a establecer una identidad personal más sólida y a aumentar su autoestima y la confianza en sí mismo. Además, la sinceridad es un valor base para la adquisición de otros: la honradez, la franqueza, la honestidad, la autenticidad, la nobleza, la lealtad, la confianza, la justicia, la amistad o el respeto.

La etapa de los tres a los nueve años es aquella en la que los niños mejor asimilan los hábitos relacionados con la sinceridad y la justicia. En concreto, entre los cuatro y los cinco años, la maduración de las estructuras cerebrales permite que el niño comience a distinguir lo verdadero de lo fantástico y, aproximadamente a partir de los seis, cuando comienza a entender el valor moral de la sinceridad y cuando puede esforzarse realmente por interiorizar este valor.

¿Por qué mi hijo no es sincero?

En general, los niños tienen una gran imaginación y suelen tener dificultades para distinguir entre la realidad y su propia fantasía. El niño disfruta con sus fabulaciones porque le permiten modificar la realidad según sus propios deseos, es feliz porque cambia lo que no le gusta. Es importante tener claro que en este caso no existe una intención expresa de engañar o de falsear la realidad por lo que no se debe recriminar al niño por su conducta, simplemente se trata de una confusión de planos en su mundo interior.

Sin embargo, en otras ocasiones, el niño sí expresa una voluntad manifiesta de manipular la realidad para conseguir algo que le interesa, para llamar la atención de las personas que le rodean o para evitar un castigo por algo que no debía haber hecho. Marisol Justo de la Rosa, Maestra especialista en Educación Infantil, afirma que para que exista la mentira infantil es necesario que exista una intencionalidad y una conciencia de haber modificado un hecho real: el niño miente cuando deforma premeditadamente un hecho real o afirma o niega algo que no es cierto con intención de engañar.

La mentira puede estar motivada por una falta de autoestima o de seguridad en sí mismo: en este caso, el niño no se siente capaz de afrontar la realidad y la intenta cambiar a su antojo. De igual forma, si se encuentra en un entorno en el que el castigo se utiliza con frecuencia, aprenderá a mentir para librarse de los castigos y las riñas.

Educar la sinceridad

Para educar la sinceridad es bueno proporcionar al niño un clima afectivo de seguridad, de aceptación y de confianza en el que pueda ser él mismo, sin miedo a ser rechazado por no cumplir las expectativas que muchas veces depositamos en él. Se debe observar si, cuando es preguntado, dice la verdad y reforzar ese buen comportamiento.

Cuando se producen preguntas incómodas es necesario contar la verdad, aunque siempre sabiendo cómo de preparado está nuestro hijo y hasta dónde podemos llegar. Ocultar la verdad impide que se estimule la sinceridad. Siempre es preferible contar poco pero que sea cierto que mentir.

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Los padres y los educadores deben ser siempre modelos correctos a imitar en este sentido. Por eso debemos ser conscientes de las pequeñas mentiras de conveniencia que podamos utilizar a lo largo del día (por ejemplo, vendrá un señor a regañarte si no paras de gritar, no uses esto porque está roto o no funciona cuando realmente no lo está, cuando te lo acabes o hagas algo bien te premio con algo y luego no hay premio). El comportamiento de los adultos es observado e imitado por los niños: si nosotros les mentimos a ellos, ellos también lo harán.

¿Qué hacer cuando el niño miente?

No se deben hacer juicios de valor personal del niño como, por ejemplo, llamarle mentiroso. Y menos delante de otras personas. El objetivo es modificar un aspecto de su comportamiento, no cambiar su personalidad. Cuando falte a la verdad es necesario averiguar por qué lo hace e intentar corregirlo, pero sin presionarlo para que se sienta culpable, pues la culpa genera sentimientos negativos que interfieren en su equilibrio emocional. El niño debe ser consciente y responsable de que ha mentido y de que eso no está bien.

Marisol Justo de la Rosa apunta una serie estrategias que se pueden poner en marcha para evitar éste comportamiento, disminuir su frecuencia o incluso llegar a eliminarlo:

  • Analizar por qué miente el niño: si es por inseguridad, falta de autoestima, para llamar la atención, si se siente presionado, etc.

  • No castigarle si admite con sinceridad que ha hecho algo que está mal y darle la oportunidad de enmendarse.

  • Que el pequeño comprenda que decir la verdad tiene más ventajas.

  • Crear un clima de afectividad, seguridad y confianza.

  • Que el niño sienta que se encuentra en un ambiente relajado donde la mentira no tiene sitio.

Debemos tener en cuenta que, aunque no haya adquirido aún una conciencia moral, está asentando las bases para logarlo y debemos ayudarle a hacerlo en la dirección correcta.

Escuela Infantil Booma

Los primeros días en Booma

Ahora que estamos empezando un nuevo curso nos gustaría recordar algunos de los aspectos que consideramos más importantes durante el período de incorporación de los niños al Centro y que conviene tener en cuenta, ya que permiten facilitar su adaptación a esta nueva etapa que comienza.

La familia

El primer grupo social del que formamos parte en nuestra vida es la familia. La familia y particularmente la madre, es la responsable de satisfacer las necesidades básicas del bebé, que establecerá fuertes vínculos afectivos con todos aquellos que satisfacen sus necesidades básicas, le regulan el comportamiento y le seleccionan los estímulos. Estos vínculos son los que determinarán la calidad de las relaciones futuras de la persona, de ahí la importancia del afecto en los primeros años de vida. Este primer grupo social será el que regule las pautas de conducta y comportamiento deseable y constituyen, por tanto, el primer modelo en el que fijarse y hacia el que tender.

La escuela

El segundo grupo en el que se integra un niño, en la mayoría de los casos, es la Escuela. Se trata de un período de ilusión y de nuevos retos tanto para él como para los padres. Los Centros de Educación Infantil, además de ser una buena solución para las familias en las que ambos padres trabajan, son de gran ayuda para la socialización de los niños.

Educadora leyendo un cuento a los bebés de la Escuela Infantil Booma

Generalmente, separarse de los padres puede provocar en los niños sentimientos de miedo y ansiedad. Debemos tener en cuenta que los niños pequeños no tienen una percepción clara del espacio y del tiempo, por lo que tienden a creer que la separación es para siempre. La reacción natural suele ser el llanto, con el que demanda el regreso de su familia.

Las despedidas

Lejos de ser un problema, el miedo a la separación es un mecanismo evolutivo que el niño irá perdiendo gradualmente durante el período de adaptación. En este sentido, es importante prestar atención al instante de la despedida: es muy recomendable que éste momento no se alargue en exceso para no preocupar al niño. Si el niño ve tristes a los padres se dará cuenta y le dará pie a que él también lo esté.

Es importante que os vea tranquilos y seguros, así facilitaremos su experimentación con el nuevo entorno y le ayudaremos a adquirir cierta autonomía. Cuanto más corta sea la despedida y con más seguridad y firmeza se realice, mejores resultados se obtienen y menor es el tiempo de adaptación. Es bueno también animarle en el momento de ir a la Escuela transmitiéndole seguridad con frases como “vas a pasarlo muy bien” o “jugarás como lo hacemos en casa pero será aún más divertido”.

El apego

Durante los primeros momentos de la escolarización, todo es nuevo y extraño para el niño, por lo que es de vital importancia la figura del educador, que se convierte en la persona de referencia en la escuela. Con el perfeccionamiento del gateo y después con los primeros pasos, el niño va descubriendo a sus iguales. Se encontrará con otros niños con los que coincidirá en intereses o no. Surgirán los primeros conflictos, las primeras alianzas, la sensación de pertenencia un grupo y todo un amplio repertorio de figuras relacionadas con la afectividad y el comportamiento social.

madre y padre

Instaurar unas relaciones afectivas saludables es la mejor herramienta de la que disponen nuestros docentes para conseguir los objetivos pedagógicos que se proponen. De igual manera, las buenas relaciones entre los educadores de la escuela infantil y los padres, así como el mantenimiento de una mutua información entre ellos, favorece el adecuado desarrollo infantil y la adaptación del niño a la escuela. Por eso en Booma prestamos especial atención a estos puntos y trabajamos día a día para que los niños se sientan tan queridos y valorados como en casa.

Escuela Infantil Booma

El mundo emocional de los bebés

Dos de los importantes retos a los que se enfrenta un recién nacido son el de desarrollar la capacidad de sentirse tranquilo y el utilizar los sentidos para empezar a reconocer el entorno que le rodea. Durante éste primer período de su vida, el bebé se encuentra en un círculo de retroalimentación constante: cuando está tranquilo desarrolla las capacidades sensoriales para reconocer el entorno y cuando emplea los sentidos, se siente tranquilo y concentrado.

Los juegos sencillos dirigidos a los cinco sentidos favorecen su autorregulación y el interés por el entorno. Pero lo más importante es que se sienta querido y esto ocurre cuando los adultos son sensibles a sus características, necesidades y reacciones. En este sentido en Booma contamos con personal que presta especial atención a estas expresiones y que está altamente cualificado para responder a las necesidades individuales de cada pequeño.

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A partir de los 3 meses

Con esta edad, el bebé empieza ya a relacionar causa con efecto. Los adultos deben favorecer ésta relación, que no es otra cosa que una forma de comunicación. Por ejemplo, pueden devolver una sonrisa afectiva cuando el bebé sonríe o imitar sus runruneos o el movimiento de sus brazos. Es ahora cuando los bebés empiezan a dotar sus acciones de intencionalidad, es decir, descubren que sus acciones provocan respuestas en los demás.

Los adultos deben identificar y responder a la manera de comunicación emocional del bebé. Por ejemplo, si siente molestias, se le responde con preocupación y si está feliz, con alegría. Con éste tipo de relaciones causa-efecto el pequeño empieza a tomar conciencia de cómo influir en su entorno, lo que le va proporcionando seguridad y confianza en sí mismo y en los demás.

Entre los 4 y los 6 meses

Durante esta etapa de su vida, el bebé comienza a desarrollar un vínculo especial, denominado apego, con una o varias personas de su entorno (en general, aquellas que satisfacen sus necesidades habitualmente). Como explican M. J. Ortiz, M. J. Fuentes y F. López en el libro Desarrollo psicológico y educación, “la función del apego es proporcionar seguridad emocional: el bebé quiere a las figuras de apego porque con ellas se siente seguro, aceptado incondicionalmente, protegido y con los recursos emocionales y sociales necesarios para su bienestar”.

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No todos los bebés son iguales y sus respuestas emocionales tampoco. Cuando los adultos llegan a conocer todo aquello que le tranquiliza y estimulan su interés por conocer el mundo es cuando le están ayudando a mantener el equilibrio y a sentirse emocionalmente satisfecho. En relación a este aspecto, la dilatada experiencia de nuestras educadoras facilita la interpretación de las emociones de los bebés.

Poco a poco, el niño se va transformando en un explorador incansable y una de las cosas que más le gusta es investigar las relaciones con los demás. Al ser más activo con su entorno comienzan a aparecer emociones muy diversas que van desde el placer y la afectividad hasta la rabia, pasando por la curiosidad, la decepción, la tristeza o el miedo.

Sobre los siete u ocho meses, la intensidad del apego hacia una o más personas se incrementa y ya no sólo es que prefiera estar en su compañía sino que suele mostrar recelo con extraños.

A partir de los 10 meses

A partir de los diez meses el desarrollo de dos nuevas habilidades comenzarán a acaparar la energía del bebé: el movimiento independiente y el lenguaje verbal. Mientras tanto, en el plano emocional, comienza a organizar su conducta y va siendo capaz de aunar pequeñas actividades con sus emociones correspondientes. A medida que pasa el tiempo, la expresión de las emociones se hace más compleja y organizada.

En esta etapa todo empieza a ser más evidente. Por ejemplo, el enfado se acompaña de gestos tales como lanzar objetos, dar golpes con la mano o alejarse de la persona que se lo provoca. La ternura, de rostro cálido, besos y abrazos. El sentido de sí mismo no está lo suficientemente desarrollado como para mostrar sentimientos de culpa o vergüenza, pero si es posible observar atisbos de emociones más complejas.

Responder de manera apropiada y empática a las necesidades del niño es bueno para su crecimiento emocional, sin embargo, es importante también que aprenda a aceptar retrasos en el tiempo de las respuestas y las frustraciones que de ese retraso pudieran derivarse. En definitiva, para que el niño establezca lazos emocionales profundos, es fundamental dedicarle tiempo de calidad, mostrarle afecto, ser sinceros con los sentimientos y dedicarle nuestros cinco sentidos en los momentos de intercambio emocional.

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Charla sobre desarrollo psicoevolutivo y conducta infantil

El próximo 10 de mayo tendrá lugar en Booma la segunda edición de la charla Desarrollo psicoevolutivo y conducta infantil. Será impartida por el equipo de la Fundación Madre de la Esperanza de Talavera de la Reina. En Booma llevamos trabajando con ellos desde sus inicios en temas relacionados con el Desarrollo Infantil y la Atención Temprana.

Logos de la Escuela Infantil Booma y de la Fundación Madre de la Esperanza.

En Booma consideramos parte de nuestros objetivos no sólo atender y educar a los más pequeños, sino acercar a los padres el conocimiento de los expertos. Así, entre todos, tratamos de mejorar la educación y el desarrollo infantil. Contaremos con la participación de una psicóloga y especialista en Desarrollo Infantil y Atención Temprana, un fisioterapeuta y una logopeda.

Se trata de una actividad gratuita con una duración aproximada de dos horas. Si estáis interesados en asistir, os rogamos que lo comuniquéis en el propio Centro o que enviéis un correo electrónico a la siguiente dirección: info@guarderiabooma.com.

¡Os esperamos!

El juego en la infancia

El juego es una actividad social propia del ser humano que se da en todas las edades. Nos permite desinhibirnos y conectar emocionalmente entre nosotros mientras pasamos un rato lúdico y placentero. Para los niños es aún más importante: les permite comunicarse en gran medida con el mundo que tienen alrededor.

Así lo recoge el artículo siete de la Declaración Universal de los Derechos del niño, exponiendo que el niño debe disfrutar plenamente de juegos y recreaciones, los cuales deben estar orientados hacia los fines perseguidos por la educación. Y añade que la sociedad y las autoridades públicas deben promover el goce de ese derecho.

Imagen del Blog de la Escuela Infantil Booma sobre los niños y el juego

Inma Marín, experta en juego, desarrollo y educación explica en el siguiente vídeo cuáles son los beneficios del juego para el desarrollo infantil y cuál es el papel de padres, madres y educadores como garantizadores y favorecedores del juego de los niños.

El valor del juego en la infancia

Hablando de manera general, se puede afirmar que el juego desarrolla la personalidad del niño. De una forma más concreta y teniendo en cuenta los diferentes ámbitos madurativos, lo hace de la siguiente manera:

  • Coordina su actividad cerebral con los movimientos del cuerpo en el ámbito psicomotor.

  • Desarrolla su forma de comprender e interpretar la realidad y a sí mismo en el ámbito intelectual.

  • Se interrelaciona con adultos e iguales en el ámbito social.

  • Le permite valorarse a sí mismo de una manera positiva y ajustada a sus capacidades en el ámbito emocional.

  • Estimula la creatividad de los niños en el ámbito psicológico.

Como destaca Marisol Justo de la Rosa, a través del juego el niño va incorporando nuevos aprendizajes en su vida cotidiana. Cuando un niño juega está concentrado y es capaz de reflexionar, imaginar, fantasear y, lo más importante, es feliz. Y esta felicidad contribuye a fomentar su dimensión creativa.

El juego, además de ser una necesidad biológica, es un vehículo de expresión para las emociones. En los primeros dos años de vida, los niños no saben jugar solos, simplemente exploran e investigan lo que les rodea. De los dos años en adelante, favorecido por el uso del lenguaje, comienzan a compartir el juego con sus semejantes. Esta etapa les permite lograr aprendizajes más elaborados ya que está modificando la naturaleza de sus juegos: es capaz de expresarse y ha mejorado considerablemente su motricidad. Para que los niños jueguen plenamente es necesario que los adultos creen un espacio afectivo de seguridad en el que no tenga que estar pendiente de aprobaciones o reprimendas.

Elinor Goldschmied, que ha sido considerada como una de las expertas más prestigiosas en el ámbito de la Educación Infantil, fue la creadora de la propuesta pedagógica denominada La cesta de los tesoros, que consiste en llenar un cesto con objetos que pertenecen a la vida cotidiana para que el niño los vaya descubriendo. A través de éste juego heurístico, Goldschmied defendía la importancia del respeto hacia el momento madurativo y evolutivo del niño durante el primer año de vida. En este juego el adulto es sólo un observador que no interfiere en la actividad del niño. Es éste último quien actúa desde su voluntad construyendo su aprendizaje.

El juego como recurso pedagógico

El juego es una actividad que tiene un alto potencial educativo. La  pedagogía  moderna  ha  considerado  el  juego  y  el  juguete como  recursos educativos de primer orden y ha ilustrado ampliamente sus efectos en el desarrollo y  la  socialización  de  los  niños. A día de hoy, la mayor parte de los Proyectos Educativos utilizan el juego como hilo conductor. Considerado el mecanismo de aprendizaje más importante para el niño, el juego:

  • Posibilita el aprendizaje, el desarrollo y la felicidad de los niños.

  • Se trata de uno de los primeros elementos transmisores de cultura.

  • Es un medio socializador para la enseñanza y transmisión de los valores.

  • Permite el desarrollo de la psicomotricidad, inteligencia y afectividad de los niños.

  • Funciona como un gran instrumento para solidificar conocimientos.

  • Es un gran vehículo de comunicación y estrecha las relaciones entre los padres, la familia y los niños.

  • Hace que los niños vayan ganando autonomía y desarrolla sus competencias sociales.

  • Permite que los niños aprendan a establecer límites y canalizar sentimientos.

Nuestros pequeños aprenden a convivir jugando, a respetar a los demás, a resolver conflictos, a cooperar entre ellos y a tolerar las pequeñas frustraciones diarias. Además, el juego es un gran vehículo de comunicación que permite estrechar las relaciones entre los padres, la familia y los niños.

¡Dediquemos tiempo a jugar con nuestros hijos!

Escuela Infantil Booma

La televisión y los niños: consejos y orientaciones

El uso de la televisión y de otras pantallas tales como el ordenador, el teléfono móvil o las tabletas se ha convertido desde hace algunos años en algo habitual y cotidiano. Los niños de hoy en día pasan muchas horas delante de estas pantallas. Eso es algo que no siempre tiene por qué ser bueno. De hecho, la Academia Americana de Pediatría recomienda, como norma general, evitar que los niños vean pantallas hasta los dos años de edad al considerar que se producen más efectos negativos que positivos.

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La sobreestimulación

Para un niño pequeño la sobreestimulación puede encontrarse en detalles que para los adultos pasan desapercibidos. Por ejemplo, un contenido televisivo con luces intermitentes, destellos, cambios bruscos de imagen o movimientos rápidos puede tener potencialmente efectos adversos sobre el cerebro de un niño pequeño en pleno desarrollo.

En el año 2011, Dimitri Christakis, director del Centro para la Salud, el Comportamiento y el Desarrollo Infantil de Estados Unidos, publicaba un artículo en la prestigiosa revista Pediatrics en el que se relaciona el visionado del programa de televisión Bob Esponja con la aparición de problemas de aprendizaje y de autocontrol en niños de 4 años. En opinión de Christakis, el problema radica en el ritmo extremadamente rápido de los dibujos para niños de estas edades.

En otro estudio realizado en la Universidad de Georgetown se llevó a cabo el análisis de ciertos DVD supuestamente educativos dirigidos a niños menores de 3 años y se identificaron hasta 7,5 cambios abruptos de escena por minuto. Obviamente, esto es algo imposible en la vida real. Como apunta Catherine L´Ecuyer en su libro Educar en el asombro, “no es de extrañar que los niños se aburran, se impacienten y se pongan nerviosos una vez que vuelven al ritmo del mundo real”.

Existen otros muchos estudios en este sentido que relacionan el consumo de televisión y videojuegos con problemas de atención o de impulsividad, así como el número de horas de televisión durante la infancia con el riesgo posterior de presentar problemas de atención y trastornos en el aprendizaje. De hecho, pediatras norteamericanos lanzaron hace algún tiempo el mensaje Primum no nocere para concienciar a la comunidad científica sobre la importancia de desaconsejar el uso de pantallas durante la infancia.

En el caso de España, la Confederación Española de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios (CEACCU) realizó un sondeo en el año 2004 en el concluyeron que el 40% los niños españoles empiezan a ver la televisión entre los 3 y 4 años (cada vez en mayor medida en soledad) e invierten una media diaria de 218 minutos. El informe constata, además, que cerca del 45% de las familias no es capaz de percibir el riesgo de unos malos hábitos de consumo televisivo para sus hijos.

Consejos y orientaciones

Muchos niños invierten, por tanto, un gran número de horas en ver programas de televisión que tienen una influencia directa en su percepción del mundo y de la realidad social. Hemos de tener en cuenta que un niño no es capaz de distinguir la ficción de la realidad como lo hace un adulto y tienden a creer todo lo que ven. El hecho de dosificar la cantidad y la calidad y de establecer unas normas claras para su visionado, puede hacer que la televisión cumpla un papel estimulante y educativo para nuestros hijos.

Marisol Justo de la Rosa, en su libro Temas que preocupan a los padres sobre la educación de sus hijos, expone una serie de recomendaciones sobre el uso de la televisión:

  • Procurar que la televisión esté apagada durante la mayor parte del día y no tenerla encendida mientras se están haciendo otras cosas.

  • Situarla en habitaciones poco frecuentadas (normalmente siempre suele estar en el salón).

  • Es aconsejable que los niños no pasen más de una hora y media al día viendo televisión.

  • Es conveniente planificar con antelación el horario de visionado y restringirlo a un programa determinado.

  • No dejar que los niños asuman la iniciativa y acompañarles, siempre que sea posible, para que puedan compartir sus inquietudes.

  • No usar la televisión como si fuera una niñera.

  • Ser siempre claros y directos cuando se pretenda que el niño deje de ver la televisión. Es aconsejable que ese momento coincida con el fin de un programa. A nadie le gusta quedarse a medias de un programa que está viendo.

  • Es imposible que un niño use la televisión de un modo saludable si sus padres la emplean de manera inconveniente.

Estas pautas pueden ayudar a no hacer un uso abusivo de la televisión y que ésta, bien empleada, llegue a convertirse en un aliado educativo para nuestros hijos. Es cierto que, hoy en día, muchos padres tienen que seguir trabajando después de la jornada laboral y en ocasiones lo más sencillo es sentarles delante de alguna pantalla para que no molesten. Este comportamiento puede llegar a convertir el uso de la televisión en una rutina de la que sea difícil desprenderse después. Es importante hacer esfuerzos y proponer alternativas a la televisión: jugar a juegos de mesa, ir al parque, hacer deporte o leer cuentos, por poner algunos ejemplos.

Es innegable que la televisión se ha convertido en una realidad cotidiana ineludible, pero si realmente deseamos que ésta tenga un papel educativo en la vida de los niños es importante establecer ciertas normas cuando son pequeños y mantenerlas a medida que van creciendo.

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El control de esfínteres y la retirada del pañal

A lo largo de nuestra historia como Centro Infantil hemos podido comprobar que el verano es la época más indicada para tratar de retirar el pañal a los niños, siempre y cuando éstos hayan alcanzado ya una madurez suficiente. Para dar este paso debemos tener claros ciertos conceptos antes de poder alcanzar este hito en el desarrollo y evolución de nuestros hijos.

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La retirada del pañal

La retirada del pañal es un proceso largo que comienza mucho antes de su planteamiento. Sigue toda una labor educativa en diferentes ámbitos: desde el trabajo del lenguaje, el conocimiento corporal o la atención hasta la creación de rutinas. Poner atención en todos estos puntos nos ayudará en el proceso y contribuirá beneficiosamente en el desarrollo del niño y su independencia.

El control de esfínteres se puede abordar entre los dos y los tres años, aunque fijar un horizonte temporal sólo es orientativo, pues cada niño cuenta con unas características individuales que lo diferencian de los demás y hay que respetar siempre sus ritmos y necesidades. En nuestro entorno, en el que los niños se incorporan a los colegios con tres años de edad, las familias sienten cierta urgencia de que sus hijos den el paso antes de este momento, pero se hace necesario resaltar que dicho control es el resultado de un proceso madurativo en tres áreas diferenciadas: fisiológica, emocional y cognitiva.

¿Cuándo quitar el pañal?

Por un lado es necesaria la maduración fisiológica, en la que los músculos más importantes que intervienen en el proceso estén preparados. Se trata de que el niño sea capaz de aguantar durante un tiempo prolongado (alrededor de 2 horas) sin estar constantemente yendo al baño. También hay que tener en cuenta que el control nocturno suele producirse más tarde que el diurno (algunos niños llegan incluso hasta los 4 ó 5 años).

Por otro lado, a partir de los dos años es cuando los niños suelen comenzar a prestar atención durante más tiempo. Esta capacidad de atender es vital para obtener éxito con el uso del orinal. Es en este momento evolutivo cuando empiezan a interesarse por el conocimiento de su propio cuerpo, se consolida el lenguaje y se produce una autonomía motora. Existen ciertas manifestaciones que nos indican que el niño puede tener esa madurez necesaria, como por ejemplo:

  • Cuando el niño permanece seco en el día durante dos o tres horas seguidas.

  • El niño, después de hacer pis o caca, lo manifiesta verbalmente, comenzando a adquirir conciencia de ello.

  • Cuando el niño hace una pausa breve durante el juego para hacer pis. Esto nos puede indicar que conoce las sensaciones de su cuerpo que posteriormente le marcarán que es hora de hacer pis.

  • Cuando empieza a comprender la ubicación espacio – tiempo, dentro – fuera.

  • Que el niño sea capaz de expresar verbalmente o con gestos su deseo de sentarse en el orinal o que busque al adulto si se siente manchado. Siempre sabiendo distinguir si los que los niños están demandando es llamar nuestra atención.

  • Se siente incómodo con pañales, intenta quitárselos o prefiere estar sin ellos (teniendo siempre en cuenta el primer punto).

Es importante tener en cuenta que las preocupaciones excesivas de control de esfínteres por parte de los adultos, familiares o maestros pueden dificultar la adquisición de este hábito. Del mismo modo, un ambiente relajado y el hecho de no centrar la atención constantemente ni de mostrar un exceso de preocupación por este tema favorecen la conciencia de adquisición, facilitando el control de esfínteres sin necesidad de presionar a los niños antes de los 4 años.

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