La televisión y los niños: consejos y orientaciones

El uso de la televisión y de otras pantallas tales como el ordenador, el teléfono móvil o las tabletas se ha convertido desde hace algunos años en algo habitual y cotidiano. Los niños de hoy en día pasan muchas horas delante de estas pantallas. Eso es algo que no siempre tiene por qué ser bueno. De hecho, la Academia Americana de Pediatría recomienda, como norma general, evitar que los niños vean pantallas hasta los dos años de edad al considerar que se producen más efectos negativos que positivos.

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La sobreestimulación

Para un niño pequeño la sobreestimulación puede encontrarse en detalles que para los adultos pasan desapercibidos. Por ejemplo, un contenido televisivo con luces intermitentes, destellos, cambios bruscos de imagen o movimientos rápidos puede tener potencialmente efectos adversos sobre el cerebro de un niño pequeño en pleno desarrollo.

En el año 2011, Dimitri Christakis, director del Centro para la Salud, el Comportamiento y el Desarrollo Infantil de Estados Unidos, publicaba un artículo en la prestigiosa revista Pediatrics en el que se relaciona el visionado del programa de televisión Bob Esponja con la aparición de problemas de aprendizaje y de autocontrol en niños de 4 años. En opinión de Christakis, el problema radica en el ritmo extremadamente rápido de los dibujos para niños de estas edades.

En otro estudio realizado en la Universidad de Georgetown se llevó a cabo el análisis de ciertos DVD supuestamente educativos dirigidos a niños menores de 3 años y se identificaron hasta 7,5 cambios abruptos de escena por minuto. Obviamente, esto es algo imposible en la vida real. Como apunta Catherine L´Ecuyer en su libro Educar en el asombro, “no es de extrañar que los niños se aburran, se impacienten y se pongan nerviosos una vez que vuelven al ritmo del mundo real”.

Existen otros muchos estudios en este sentido que relacionan el consumo de televisión y videojuegos con problemas de atención o de impulsividad, así como el número de horas de televisión durante la infancia con el riesgo posterior de presentar problemas de atención y trastornos en el aprendizaje. De hecho, pediatras norteamericanos lanzaron hace algún tiempo el mensaje Primum no nocere para concienciar a la comunidad científica sobre la importancia de desaconsejar el uso de pantallas durante la infancia.

En el caso de España, la Confederación Española de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios (CEACCU) realizó un sondeo en el año 2004 en el concluyeron que el 40% los niños españoles empiezan a ver la televisión entre los 3 y 4 años (cada vez en mayor medida en soledad) e invierten una media diaria de 218 minutos. El informe constata, además, que cerca del 45% de las familias no es capaz de percibir el riesgo de unos malos hábitos de consumo televisivo para sus hijos.

Consejos y orientaciones

Muchos niños invierten, por tanto, un gran número de horas en ver programas de televisión que tienen una influencia directa en su percepción del mundo y de la realidad social. Hemos de tener en cuenta que un niño no es capaz de distinguir la ficción de la realidad como lo hace un adulto y tienden a creer todo lo que ven. El hecho de dosificar la cantidad y la calidad y de establecer unas normas claras para su visionado, puede hacer que la televisión cumpla un papel estimulante y educativo para nuestros hijos.

Marisol Justo de la Rosa, en su libro Temas que preocupan a los padres sobre la educación de sus hijos, expone una serie de recomendaciones sobre el uso de la televisión:

  • Procurar que la televisión esté apagada durante la mayor parte del día y no tenerla encendida mientras se están haciendo otras cosas.

  • Situarla en habitaciones poco frecuentadas (normalmente siempre suele estar en el salón).

  • Es aconsejable que los niños no pasen más de una hora y media al día viendo televisión.

  • Es conveniente planificar con antelación el horario de visionado y restringirlo a un programa determinado.

  • No dejar que los niños asuman la iniciativa y acompañarles, siempre que sea posible, para que puedan compartir sus inquietudes.

  • No usar la televisión como si fuera una niñera.

  • Ser siempre claros y directos cuando se pretenda que el niño deje de ver la televisión. Es aconsejable que ese momento coincida con el fin de un programa. A nadie le gusta quedarse a medias de un programa que está viendo.

  • Es imposible que un niño use la televisión de un modo saludable si sus padres la emplean de manera inconveniente.

Estas pautas pueden ayudar a no hacer un uso abusivo de la televisión y que ésta, bien empleada, llegue a convertirse en un aliado educativo para nuestros hijos. Es cierto que, hoy en día, muchos padres tienen que seguir trabajando después de la jornada laboral y en ocasiones lo más sencillo es sentarles delante de alguna pantalla para que no molesten. Este comportamiento puede llegar a convertir el uso de la televisión en una rutina de la que sea difícil desprenderse después. Es importante hacer esfuerzos y proponer alternativas a la televisión: jugar a juegos de mesa, ir al parque, hacer deporte o leer cuentos, por poner algunos ejemplos.

Es innegable que la televisión se ha convertido en una realidad cotidiana ineludible, pero si realmente deseamos que ésta tenga un papel educativo en la vida de los niños es importante establecer ciertas normas cuando son pequeños y mantenerlas a medida que van creciendo.

Escuela Infantil Booma